Muy buenas ^^ No ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos, lo cual es un hecho inaudito en la historia general. A ver si ahora con la excusa de que estoy de vacaciones y tengo portátil nuevo esto no es tan inusual.
Hoy os dejo con la segunda parte de "Irrealidad", que como ya dije era un fragmento que cubriría con dos entradas. Espero que os guste y que siga la línea de la primera parte ^^
Justo en ese momento su vida se paró y volvió a renacer. En ese preciso instante logró liberarse del fango y sentirse renovada. Se hallaba en un solitario lugar. Una especie de desierto sin color, completamente blanco con algún ligero toque negro. Sus ojos no alcanzaban ver ningún cuerpo que desprendiera calor cercano a ella, pues era la única que habitaba aquel lugar. Agudizó su vista hacia todas las direcciones posibles y se extrañó al no ver nada más que arena y dunas. El árido suelo de aquel paisaje le provocaba una ligera sensación de incertidumbre, como una pequeña molestia. Aunque nada le importara, la impresión de ignorancia total la incomodaba. A sabiendas de que su búsqueda sería en vano, decidió inspeccionar el sitio.
Curiosamente, había desarrollado un nuevo sentido que le permitía saber dónde cabía la posibilidad de hallar un organismo con vida. Su extraño radar le indicaba que muy cerca había una presencia humana. Estaba prácticamente delante de esa señal, mas no logró hallar compañía. Estiró uno de sus brazos hacia delante, intentando poder captar alguna sensación imperceptible a simple vista, pero no notó nada más que una repentina calidez por donde se suponía que había alguien. De pronto percibió otra presencia acecándose a ella, pero nuevamente fue incapaz de verla.
Empezó a caminar, alejándose de las señales donde no había nada, y su nuevo sentido no tardó en reaccionar de nuevo. Ahora era una señal más pequeña, bajita, alargada, y según parecía no era humana. No tardó en averiguar, gracias a las cuatro patas, que se trataba de su perro. No logró identificar a los humanos, pero sí sabía que ahora se trataba de su mascota, pues el calor que antes había descubierto ahora impregnaba su ser, y sabía que no cualquier animal se habría acercado a ella con tal delicadeza.
Decidió dejar de caminar y de buscar. No sabía lo que estaba pasando. No quería seguir presenciando entes. Nada le impulsaba a intentarlo. Se dio por vencida y se dejó caer, en medio de la nada, de aquella nada que había creado, de la nada que, quizás, nunca había existido.
A su alrededor, algunas personas admiraban con cierto pavor el final de esa muchacha. Ella jamás llegó a comprender que estaba rodeada de vida y por eso sus esfuerzos cayeron en saco roto.
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jueves, 9 de julio de 2015
Y realidad
domingo, 8 de febrero de 2015
Irrealidad
Hola a todo el mundooo ^^ Hoy hay buenas nuevas. Realmente una, porque la entrada no debería ser una buena nueva en sí. Bueno, primero diré que la entrada de hoy es ligeramente diferente, ya que es una historia como las que ya habéis leído pero he hecho dos partes, a ver qué os parece.
Ahora sí, la noticia es que participé en un concurso de microrrelatos e iban a seleccionar algunos para hacer un libro. Pues bien, me seleccionaron el mío :D Así que ahora sí que sí voy a intentar escribir más. Dentro de un tiempo os enseñaré mi obra de arte, mientras, os dejaré con la intriga. Ahora, ¡a disfrutar!
Ahora sí, la noticia es que participé en un concurso de microrrelatos e iban a seleccionar algunos para hacer un libro. Pues bien, me seleccionaron el mío :D Así que ahora sí que sí voy a intentar escribir más. Dentro de un tiempo os enseñaré mi obra de arte, mientras, os dejaré con la intriga. Ahora, ¡a disfrutar!
No sabía si era real o era una alucinación. De repente todo careció de sentido. El sol comenzó a brillar aún más. Su luz era deslumbrante, más cegadora que de costumbre. Nada de lo que había vivido se parecía a esa escena. Todo empezó a desmoronarse. Los edificios se derretían cuales cirios. Las personas huían cuales pollos sin cabeza. Las calles se convertían en fuertes corrientes cual río descauzado. Y ella, entre tanta multitud, entre el caos y la desesperación, lucía un rostro tranquilo y sereno, como nunca antes se había visto.
Aquella escena no era nada desagradable, pues aunque jamás lo admitiría, lo más profundo de su ser anhelaba ver desorden, intranquilidad, tenía sed de pánico, de sufrimiento, no quería alegría, ni vida. Mientras todos evitaban el descontrol, ella disfrutaba de cada pedacito de caos que le rozaba, a pesar de que cada encuentro entre ella y los desprendimientos de su alrededor significara una poco profunda aunque gran herida en cada cita improvisada.
Sabía que su fin estaba cerca, que en su estado no llegaría lejos y decidió pasar sus últimos momento en paz. Dejó que su caos reinara, que tomara el control hasta que no le quedaran más fuerzas para mantenerse en pie. Cada vez más, el desorden se iba apoderando de su cuerpo. Primero los pies, luego las rodillas, seguido de sus piernas, inmóvil hasta la cintura, el cuello... Hasta su cabeza.
Estaba completamente sumergida en un cauce espeso en el que le costaba moverse, respirar e incluso pensar.
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